La superficie también es la clave
El estado de la superficie del componente o herramienta influye decisivamente en el rendimiento de un recubrimiento. La condición previa para lograr la calidad perfecta del recubrimiento se define como:
Un componente que está listo para recibir un recubrimiento de buena calidad estará rectificado o pulido y bien limpio.
•  Las superficies rectificadas no deben presentar grietas, oxidación ni quemaduras por sobrecalentamiento.
•  El refrigerante empleado durante el rectificado no debe contener sulfonato de calcio, compuestos de boro o yodo, ni agentes antiespumantes siliconados.
•  Las superficies rectificadas, pulidas o lapeadas deben estar libres de abrasivos y residuos.
•  Las aristas de corte no deben presentar rebaba de forma que no se rompan con el primer uso.
•  En el proceso de electroerosión se recomienda realizar varias pasadas de acabado para reducir la formación de la "capa blanca"
•  Las superficies deben ser metálicas brillantes. Las superficies con corrosión, oxidadas al vapor o pavonadas o con tratamientos similares no pueden recubrirse.
•  Los orificios ciegos y roscas internas deben estar libres de sales de tratamiento y otros contaminantes.
•  Las virutas, ceras, cintas adhesivas, pinturas y otros restos no metálicos, polvo de rectificado, residuos de agentes limpiadores, huellas y similares deben eliminarse de los componentes.
•  Las soldaduras deben estar libres de poros, fundentes y cadmio.
•  Los componentes deben desmagnetizarse.
La rugosidad media Rz de las superficies funcionales a recubrir puede utilizarse como principal indicador general. Este valor tiene que tener el mismo orden de magnitud que el espesor de recubrimiento. Con valores de rugosidad superficial mayores existe peligro de que el recubrimiento se desprenda en los picos de rugosidad debido a las elevadas presiones superficiales locales existentes.